Un fantasma sigue recorriendo Europa...

Este texto recupera una reflexión de 2017 sobre el ascenso global del autoritarismo y examina su vigencia ante el triunfo de AfD en Alemania. El artículo matiza la relación entre autoritarismo y bienes públicos, analiza la crisis de representación democrática y advierte que las nuevas ofertas autoritarias prosperan cuando los Estados disciplinan más de lo que protegen, integran y representan.

ESTADO-NACIÓNGEOPOLÍTICADEMOCRACIAAUTORITARISMO

Eduardo Tzili-Apango

9/8/202611 min read

Text citation (Chicago 17va ed.): Tzili-Apango, Eduardo. “Un fantasma sigue recorriendo Europa...” Tequio geopolítico, 8 de septiembre, 2026. https://estratequio.mx/un-fantasma-sigue-recorriendo-europa.

En 2017 publiqué un breve texto titulado Un fantasma recorre el mundo, el fantasma del autoritarismo, en el que planteaba que el autoritarismo global era una presencia constante en el orden liberal internacional que comenzaba a adquirir renovado vigor. También proponía observarlo más allá de los regímenes formalmente no democráticos, atendiendo al personalismo político, la fragilidad institucional, la provisión de bienes públicos y determinadas prácticas autoritarias surgidas desde la propia sociedad.

Nueve años después, el triunfo de Alternativa para Alemania (AfD por sus siglas en alemás) en las elecciones de Sajonia-Anhalt, del 6 de septiembre de 2026, invita a recuperar aquella reflexión. AfD obtuvo 43.8% de los votos y 39 de los 83 escaños del parlamento regional (Murray y Knolle 2026). Aunque no alcanzó la mayoría absoluta, y su victoria electoral no supone automáticamente que podrá formar gobierno, el resultado representa un cambio cualitativo en la política alemana y europea. Por primera vez desde la segunda posguerra, una organización de ultraderecha se encuentra cerca de encabezar el gobierno de un estado federado alemán.

“El autoritarismo global está en ascenso. Según Diamond et al (2016), en Authoritarianism Goes Global, los países con regímenes no liberales se las han ingeniado para contener el avance de la democracia y retar al orden liberal internacional. Pero ¿realmente existe dicho orden? Es decir, ¿es prudente dar por sentado que el statu quo global se cimenta en un orden liberal? La respuesta es "no". El autoritarismo global siempre ha estado presente, y en la actualidad ha retomado vigor.”

La afirmación inicial de aquel texto parece haber resistido el paso del tiempo. El Democracy Report 2026 del Instituto V-Dem (2026) sostiene que la democratización mundial lleva alrededor de quince años estancada. Sólo 18 países se encontraban atravesando procesos de democratización en 2025, mientras que casi una cuarta parte de los Estados experimentaba alguna forma de autocratización. De acuerdo con sus estimaciones, 72% de la población mundial vive actualmente bajo regímenes autocráticos. Freedom House (2026), desde una metodología distinta, registró en 2025 el vigésimo año consecutivo de retroceso de las libertades globales.

Pero, en aquel entonces el debate todavía se concentraba en la resistencia de regímenes como China, Rusia, Turquía o Irán frente a la expansión del liberalismo. En 2026 resulta necesario prestar igual atención a los procesos de autocratización dentro de las democracias occidentales. V-Dem identificó en 2025 seis nuevos casos de retroceso democrático en Europa y Norteamérica.

También conserva vigencia la interrogación acerca del llamado “orden liberal internacional”, el cual nunca ha sido enteramente liberal ni universal; combinó instituciones multilaterales y normas de derechos humanos con intervenciones militares, aplicación selectiva del derecho internacional, cooperación con gobiernos autoritarios y profundas desigualdades económicas. La crisis actual supone la erosión de una estructura histórica que siempre contuvo elementos liberales y autoritarios.

Actualmente, los regímenes autoritarios gobiernan casi el 50% de la humanidad. De acuerdo con Kasparov y Halvorssen (2017), esta situación implica no solo la existencia de un determinado sistema político nocivo para la democracia, sino también para el desarrollo económico. Gran parte de las sociedades con regímenes autoritarios carecen de servicios básicos como infraestructura, salud o educación. Incluso se podría pensar que para medir el autoritarismo en una sociedad o gobierno, más allá de ver qué tanto apego hay a la democracia electoral, habría que revisar la calidad y extensión de la provisión de los bienes públicos. La premisa es básica: a menos provisión y calidad de bienes públicos, mayor autoritarismo. Un caso ejemplar de lo anterior es la situación en Eritrea, en la que el gobierno autoritario unipartidista forza a sus ciudadanos a prestar servicio militar obligatorio sin ofrecer unas garantías económicas o de seguridad. Lo anterior trae como consecuencia el incremento de la migración de eritreos y eritreas a Europa. Una situación similar se ha vivido en Marruecos, en el que el gobierno recién aprobó el proyecto de ley 44.18 para el servicio militar obligatorio de un año.”

La relación propuesta en aquel entonces, entre autoritarismo y bienes públicos, sigue siendo sugerente, pero requiere una reformulación importante. No puede sostenerse como regla general que una menor provisión de bienes públicos produzca necesariamente mayor autoritarismo, toda vez que existen regímenes considerados “autoritarios” con elevada capacidad de provisión de infraestructura, educación, salud o seguridad, como Singapur o algunas monarquías del Golfo (Kim 2026). También existen democracias con instituciones débiles y servicios públicos deficientes.

El problema decisivo no reside solamente en cuánto provee el Estado, sino en qué bienes produce, cómo los distribuye, quiénes son reconocidos como beneficiarios y qué mecanismos existen para exigir rendición de cuentas. Un régimen autoritario puede construir hospitales, carreteras y ferrocarriles mientras restringe libertades políticas. También puede utilizar la provisión de bienes como mecanismo de obediencia, premiando a comunidades leales y castigando a opositores.

La premisa podría actualizarse al argumentar que el autoritarismo se fortalece cuando aumenta la distancia entre la capacidad del Estado para disciplinar a la sociedad y su capacidad para proveer bienes comunes de manera universal, equitativa y responsable. El problema aparece cuando el Estado conserva o amplía sus instrumentos coercitivos, pero pierde capacidad o voluntad para proteger, representar y cuidar.

“Vinculado con el autoritarismo está el aumento del “personalismo” en la política. Así lo advierten Kendall-Taylor et al (2017) cuando analizan las características de regímenes personalistas con líderes carismáticos, propulares y/o autoritarios, como Putin en Rusia, Erdogan en Turquía o Xi Jinping en China. Los autores citados, incluso, advierten sobre los "signos de alarma" que nos permitirían identificar una tendencia hacia un "autoritarismo personalista", o "autoritarismización" de la política, a saber, instalación de personas leales, promoción de la familia en la política, creación de un nuevo partido o movimiento, uso de gobierno directo o referéndum, creación de nuevos servicios de seguridad. Como se podrá destacar, estos signos bien pueden categorizar movimientos políticos como Morena de López Obrador en México, En Marche! de Emmanuel Macron en Francia, o incluso el mismo Trump con su Make America Great Again.

La preocupación de aquel entonces por el personalismo conserva plena vigencia. La instalación de personas leales, la subordinación de los órganos de control, la identificación del líder con el pueblo y la conversión de la crítica en deslealtad se han consolidado como mecanismos centrales de autocratización. No obstante, la creación de un partido, la aparición de un movimiento político o el empleo de referendos no son intrínsecamente autoritarios. Para identificar una deriva autocrática es necesario observar si esas prácticas se acompañan de hostigamiento a la prensa, colonización partidista de la administración, subordinación del Poder Judicial, debilitamiento de autoridades electorales, modificación oportunista de las reglas y negación de la legitimidad de los adversarios (V-Dem Institute 2026).

El triunfo de AfD debe examinarse desde esta distinción. La elección de Sajonia-Anhalt fue competitiva y plural. Ganar una elección no convierte automáticamente a un partido ni a sus electores en autoritarios. El problema radica en el proyecto de autoridad que la organización propone y en su relación con el pluralismo, la igualdad política, los derechos de las minorías y la definición étnico-cultural del pueblo alemán.

AfD convierte problemas distintos –inmigración, transición energética, inflación, declive industrial, burocracia europea, guerra de Ucrania y sanciones contra Rusia– en manifestaciones de un mismo antagonismo entre el pueblo alemán y unas élites supuestamente cosmopolitas. Frente a esa crisis ofrece restaurar la autoridad mediante fronteras más rígidas, homogeneidad cultural, disciplina social y exclusión de quienes no son reconocidos como integrantes legítimos de la comunidad nacional.

“Sin embargo, el asunto no termina ahí. El autoritarismo también penetra las esferas más profundas de la sociedad. El autoritarismo no necesariamente significa la presencia de un Estado fuerte. Más bien, significa un gobierno que intenta imponer su autoridad ante la falta de instituciones sólidas del Estado. Ante esto, la población ha buscado ejercer justicia por su propia mano. Los linchamientos en Puebla (15 en lo que va este año) e Hidalgo, como respuesta a la desinformación sobre el secuestro de niñas y niños en todo el país, es una reacción sumamente autoritaria del lado de la sociedad ante los individuos.”

El autoritarismo no debe reducirse a la existencia de un Estado fuerte, porque puede surgir precisamente de la incapacidad estatal para producir una autoridad reconocida como legítima. Cuando las instituciones no garantizan seguridad, justicia o representación, la sociedad puede demandar castigos excepcionales o asumir directamente funciones coercitivas. Si bien un linchamiento no convierte automáticamente al sistema político en una autocracia, sí que revela una disposición colectiva a sustituir el derecho por el castigo inmediato y la deliberación por la identificación sumaria del enemigo.

Esta dimensión resulta indispensable para comprender a la ultraderecha europea. AfD no crea desde cero las actitudes xenófobas, punitivas o antipluralistas. Las organiza, les proporciona un vocabulario político y las convierte en una demanda de poder estatal. El autoritarismo social ofrece la materia prima, y el partido la transforma en representación electoral (Saldivia Gonzatti y Völker 2026).

“Esta reflexión surgió por el asunto del silencio en la cumbre del G20 en Alemania, en junio del 2017, sobre la situación de los derechos humanos en China. Específicamente me refiero a la omisión de discutir el asunto del fallecido disidente político y premio Nobel Liu Xiaobo. No obstante ¿qué hay sobre el espionaje del gobierno mexicano a activistas, periodistas y defensores de derechos humanos? ¿O las acciones de represión –control, dirían algunos– ante las manifestaciones en el marco de la reciente cumbre del G20, de manos del gobierno de Merkel, considerando que es la líder europea que más tiempo ha estado en su cargo? ¿No es autoritarismo, acaso, las acciones de Trump en contra de los migrantes en Estados Unidos, en contra del mundo en general con la salida del Acuerdo de París?”

La aplicación selectiva de la categoría “autoritarismo” me parece algo sumamente vigente, y preocupante. Los gobiernos occidentales suelen tratarlo como atributo de adversarios geopolíticos, mientras describen sus propias restricciones, operaciones de vigilancia o políticas de excepción como acciones necesarias para preservar el orden y la seguridad. Unilateralismo, iliberalismo y autoritarismo pueden relacionarse, pero no son conceptos intercambiables.

La discusión actual sobre Alemania y Rusia hace todavía más importante esta distinción. Desde la invasión de Ucrania, Alemania ha incrementado su gasto militar, enviado armas a Kiev, desplegado una brigada en Lituania y ampliado sus capacidades de seguridad (NATO 2026). El gobierno alemán también atribuye a Rusia operaciones de sabotaje, ciberataques, desinformación y el intento de ataque con drones contra el aeropuerto de Leipzig/Halle en agosto de 2026 (Martínez 2026a). Moscú niega su responsabilidad y considera las medidas alemanas una escalada hostil (Reuters 2026).

Alemania y Rusia se encuentran así en una zona intermedia entre la paz y la guerra. La confrontación híbrida favorece la vigilancia, la securitización y la normalización de medidas excepcionales (NATO 2026). Por su parte, AfD se presenta como fuerza favorable a la paz y a la reconciliación con Rusia, pero combina esa posición internacional con un proyecto interno nacionalista y excluyente (Knolle 2026). Por lo tanto, compiten dos formas problemáticas de autoridad, la autoridad securitaria del Estado liberal y la autoridad identitaria de la ultraderecha.

“Parafraseando a Marx, un fantasma recorre el mundo, el fantasma del autoritarismo.”

En 2026 el fantasma permanece y, además, ha mutado, pues puede hablar el lenguaje de las elecciones, la soberanía, la seguridad, la eficiencia y la voluntad popular. No siempre elimina inmediatamente las instituciones democráticas, sino que parece poder vaciarlas gradualmente mientras conserva sus procedimientos formales.

El triunfo de AfD en Sajonia-Anhalt permite observar que una parte considerable de la ciudadanía alemana puede utilizar los mecanismos democráticos para respaldar un proyecto que redefine restrictivamente quién pertenece al pueblo y quién merece recibir sus bienes, su protección y sus derechos.

Alemania ofrece un caso especialmente significativo porque no es un Estado fallido ni una sociedad carente de instituciones. El crecimiento de AfD ocurre dentro de una de las democracias más institucionalizadas y de las economías más desarrolladas del mundo. El avance político de aquel partido obliga a abandonar explicaciones basadas exclusivamente en pobreza, ignorancia o ausencia estatal.

En los territorios orientales persisten diferencias de riqueza, representación política, reconocimiento social y confianza institucional respecto de Alemania occidental. A ello se suman la inseguridad industrial, los costos de la transición energética, el envejecimiento, la inmigración, la guerra de Ucrania y la ruptura de la relación económica con Rusia (Zhirnov et al. 2024). AfD integra esas experiencias en una promesa de restauración nacional.

En prospectiva, debemos observar si los partidos tradicionales incorporan su definición de los problemas, si la Unión Demócrata Cristiana de Alemania mantiene o rompe el “cordón sanitario”, si las políticas de inmigración, ciudadanía y seguridad se desplazan hacia criterios cada vez más excluyentes (Saldivia Gonzatti y Völker 2026), y si la confrontación con Rusia normaliza nuevas formas de vigilancia, militarización y excepción.

También debe prestarse atención a la distribución de los costos del rearme europeo. Si el incremento del gasto militar se acompaña de austeridad, reducción de prestaciones, o deterioro de servicios públicos, la securitización exterior puede fortalecer la radicalización interior (Martínez 2026b). Así, el conflicto con Rusia no se limita entonces a la política internacional en tanto reorganiza presupuestos, identidades, jerarquías territoriales y concepciones de ciudadanía.

El fantasma del autoritarismo no regresa porque nunca se fue. Lo que ha cambiado es su lenguaje. Ya no necesita presentarse abiertamente contra la democracia, pues puede invocar elecciones, soberanía, seguridad y voluntad popular mientras vacía de contenido el pluralismo. En este sentido, el triunfo de AfD sí revela la profundidad de su crisis de autoridad. Cuando las instituciones disciplinan más de lo que protegen, administran más de lo que representan y exigen sacrificios sin distribuirlos con justicia, la exclusión comienza a parecer orden, y la coerción, protección. El desafío consiste entonces en reconstruir una autoridad democrática capaz de producir bienes comunes, reconocimiento y seguridad. De lo contrario, el fantasma seguirá recorriendo Europa –y el mundo– hasta dejar de ser una amenaza espectral para convertirse, otra vez, en poder.

El autor es profesor-investigador en la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Xochimilco, y es director ejecutivo de Estratequio, un centro de investigación con sede en México dedicado al análisis geopolítico.

Referencias

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Kim, Dong-Suk. 2026. “When Authoritarian Regimes Provide Public Goods: Motivation and Capacity”. Social Science Quarterly 107 (4). https://doi.org/10.1111/ssqu.70172.

Knolle, Kirst. 2026. “Russia Divide Resurfaces as AfD Leads in Saxony-Anhalt”. Reuters. 2 de septiembre de 2026. https://www.reuters.com/world/europe/russia-divide-resurfaces-afd-leads-saxony-anhalt-2026-09-02/.

Martínez, Maria. 2026a. “Germany Says Russia Responsible for Drone Attack at Leipzig Airport”. Reuters. 1 de septiembre de 2026. https://www.reuters.com/world/europe/germany-says-russia-responsible-drone-attack-leipzig-airport-2026-09-01/.

Martínez, Maria. 2026b. “Germany Cannot Defend Itself without New Debt, Says Finance Minister”. Reuters. 8 de septiembre de 2026. https://www.reuters.com/world/europe/germany-cannot-defend-itself-without-new-debt-says-finance-minister-2026-09-08/.

Murray, Miranda y Knolle, Kirst. 2026. “Far-Right AfD Wins Historic Victory in German State Election”. Reuters. 6 de septiembre de 2026. https://www.reuters.com/world/germanys-far-right-afd-seeks-landmark-state-victory-saxony-anhalt-votes-2026-09-06/.

NATO. 2026. The Secretary General’s Annual Report 2025. Bruselas: North Atlantic Treaty Organization. https://www.nato.int/content/dam/nato/webready/documents/publications-and-reports/annual-reports/sgar25-en.pdf.

Reuters. “Russia Calls Germany’s Leipzig Drone Attack Claims False and an ‘Unprecedented Escalation’.” 1 de septiembre de 2026. https://www.reuters.com/world/europe/russia-calls-germanys-leipzig-drone-attack-claims-false-an-unprecedented-2026-09-01/.

Saldivia Gonzatti, Daniel, y Teresa Völker. 2026. “Far-Right Agenda Setting: How the Far Right Influences the Political Mainstream”. European Journal of Political Research 65 (1): 101-123. https://doi.org/10.1017/S1475676525100066.

V-Dem Institute. 2026. Democracy Report 2026: Unraveling the Democratic Era? Gotemburgo: University of Gothenburg. https://www.v-dem.net/documents/75/V-Dem_Institute_Democracy_Report_2026_lowres.pdf.

Zhirnov, Andrei, Lorenza Antonucci, Jan Philipp Thomeczek, Luca Horvath, Carlo D’Ippoliti, Camille-Alexandrine Mongeau, André Krouwel, y Norbert Kersting. 2024. “Precarity and Populism: Explaining Populist Outlook and Populist Voting in Europe through Subjective Financial and Work-Related Insecurity”. European Sociological Review 40 (4): 704–721. https://doi.org/10.1093/esr/jcad052.

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