Postrimerías del Chavismo

La intervención estadounidense y el nuevo acuerdo petrolero revelan la crisis del chavismo como proyecto antiimperialista. La dependencia de la renta petrolera limitó los resultados del financiamiento chino y debilitó la autonomía venezolana. El desenlace invita a la izquierda latinoamericana a pensar cómo construir capacidad productiva propia para sostener sus proyectos políticos frente a las presiones externas.

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Eduardo Tzili-Apango

9/28/20264 min read

Text citation (Chicago 17va ed.): Tzili-Apango, Eduardo. “Postrimerías del Chavismo”, Tequio geopolítico, 28 de septiembre, 2026. https://estratequio.mx/postrimerias-del-chavismo

El chavismo ha muerto como proyecto emancipador latinoamericano de Estado. Si bien la dirigencia conserva el poder y sigue invocando a Hugo Chávez, ha abandonado estratégicamente el antiimperialismo que daba sentido a su política exterior. El Libro Rojo del Partido Socialista Unido de Venezuela define la construcción del socialismo bolivariano y la lucha antiimperialista como propósitos centrales de la organización (PSUV 2010). La aceptación de una reorganización petrolera promovida por Washington obliga a examinar tanto esa ruptura política como el fracaso previo de la promesa de autonomía económica.

China ocupó un lugar decisivo la promesa emancipadora. Entre 2008 y 2018 Venezuela fue el país latinoamericano políticamente más importante para Beijing, si se consideran visitas de alto nivel, categoría de asociación estratégica, importancia comercial y adhesión a la Iniciativa de la Franja y la Ruta. En promedio entre 2007 y 2016, Venezuela concentró el 45.5 por ciento del financiamiento chino destinado a América Latina y el Caribe (Tzili Apango 2020, 127-128, 141). En 2018 ambos gobiernos firmaron un memorando de cooperación sobre la Franja y la Ruta. La relación ofrecía recursos y margen diplomático para disputar el predominio estadounidense en el hemisferio (Ministry of Foreign Affairs People’s Republic of China 2018).

Aquella apertura internacional generó una oportunidad histórica que Venezuela no convirtió en una base productiva más avanzada. Los préstamos respaldados por petróleo comprometieron exportaciones futuras, mientras persistían las importaciones de bienes elaborados y la dependencia de la renta extractiva. Bull y Rosales (2026) argumentan que la cooperación con China profundizó esa dependencia y produjo resultados insuficientes en industrialización, diversificación e instituciones. Las sanciones estadounidenses agravaron el colapso económico y restringieron las opciones del país, aunque reconocer sus efectos no elimina la responsabilidad de las decisiones internas sobre el uso de los recursos disponibles.

El debilitamiento financiero comenzó antes del actual acercamiento con Estados Unidos. Los grandes créditos chinos asociados al ciclo de 2006-2016 dejaron de renovarse a escala comparable. En 2023, la base de datos del Inter-American Dialogue y de la Universidad de Boston registró apenas 1,300 millones de dólares en nuevos préstamos de los principales bancos de desarrollo chinos para toda América Latina, dirigidos principalmente a Brasil (Ray y Myers 2024). Pese a ello, Beijing elevó ese mismo año la relación con Caracas a una asociación estratégica “a toda prueba”. Zhang y Morales observan que esa decisión ocurrió cuando Venezuela había caído al octavo lugar regional en su índice de poder nacional, por lo que la explican a partir de su valor energético y geopolítico (2026). La categoría diplomática sobrevivía al deterioro de la capacidad venezolana para obtener nuevo financiamiento transformador.

En 2025 China seguía comprando petróleo venezolano, con fuentes estimando un promedio cercano a 395 mil barriles diarios para ese año (Financial Times 2026). El contraste revela el problema, pues Venezuela conservaba un comprador importante y una asociación diplomática excepcional, pero continuaba dependiendo de la extracción de crudo. El margen frente a Washington descansaba sobre una estructura económica vulnerable y sobre una cooperación china cuya antigua capacidad crediticia se había agotado.

El 3 de enero de 2026, una operación militar estadounidense secuestró al presidente Nicolás Maduro del territorio venezolano. El secretario general de Naciones Unidas expresó profunda preocupación por el incumplimiento de las normas internacionales en la intervención, y recordó la prohibición de emplear la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de un Estado (United Nations 2026). En todo caso, este fue un golpe decisivo contra la capacidad del proyecto chavista para defender la autonomía proclamada.

La respuesta de la nueva dirigencia terminó de revelar la ruptura, anunciándose en agosto de 2026 un acuerdo petrolero que contempla 17 campos con unos 65 mil millones de barriles de reservas. La Casa Blanca lo presentó explícitamente como una reafirmación de la Doctrina Monroe y una vía para desplazar intereses chinos y rusos (White House 2026). Que las autoridades venezolanas acepten un arreglo descrito de ese modo por Washington marca el abandono del antiimperialismo como principio efectivo de gobierno.

De este modo, las postrimerías del chavismo como proyecto estatal de autonomía han tenido una historia interna y un desenlace impuesto mediante la fuerza. El fracaso deja una pregunta que excede a Venezuela. La autonomía latinoamericana requiere transformar el financiamiento externo y la renta de los recursos naturales en capacidades productivas propias. Sin esa transformación, la diversificación de socios puede ampliar temporalmente el margen de maniobra, pero difícilmente podrá sostenerlo frente al poder de una potencia dispuesta a intervenir.

El autor es profesor-investigador en la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Xochimilco, y es director ejecutivo de Estratequio, un centro de investigación con sede en México dedicado al análisis geopolítico.

Referencias

Bull, Benedicte, y Antulio Rosales. 2026. “Chinese Impact on Development in Venezuela: The Dynamics of Structural Stagnation”. New Political Economy 31 (1): 125-44. https://doi.org/10.1080/13563467.2025.2531004.

White House. 2026. “Fact Sheet: President Donald J. Trump Announces Historic Oil Agreement to Secure American Energy Dominance and Drive Venezuela’s Economic Recovery”. 31 de agosto. https://www.whitehouse.gov/fact-sheets/2026/08/fact-sheet-president-donald-j-trump-announces-historic-oil-agreement-to-secure-american-energy-dominance-and-drive-venezuelas-economic-recovery/.

Financial Times. 2026. “Donald Trump’s Venezuela Action Raises Threat for China’s Oil Supplies”. Enero. https://www.ft.com/content/f64826fa-5c36-4fb3-8621-ee0b9d9a1ff5.

Ministry of Foreign Affairs People’s Republic of China. 2018. “Xi Jinping Meets with Venezuelan President Nicolás Maduro Moros”. 14 de septiembre. https://www.fmprc.gov.cn/eng/wjb/zzjg_663340/ldmzs_664952/xwlb_664954/202406/t20240606_11403222.html.

United Nations. 2026. “Secretary-General’s Remarks to the Security Council on Venezuela.” 5 de enero. https://www.un.org/sg/en/content/sg/statements/2026-01-05/secretary-generals-remarks-the-security-council-venezuela.

Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). 2010. Libro Rojo. http://www.psuv.org.ve/wp-content/uploads/2010/06/Libro-Rojo.pdf.

Ray, Rebecca, y Margaret Myers. 2024. Chinese Loans to Latin America and the Caribbean Database. Inter-American Dialogue y Boston University Global Development Policy Center. https://www.bu.edu/gdp/china-latin-america-finance-database-data-download/.

Tzili Apango, Eduardo. 2020. “Visiones críticas de la estructura de la relación China-América Latina y el Caribe.” En Política exterior y estrategias económicas de Japón, China y Corea del Sur en América Latina para el siglo XXI, coordinado por Alejandro Carlos Uscanga Prieto, 111-154. Ciudad de México: Universidad Nacional Autónoma de México y Editorial Teseo.

Zhang, Xinyu, y Daniel Morales Ruvalcaba. 2026. “National Power and China’s Strategic Partnerships in Latin America: Differentiation, Timing, and Pragmatic Upgrading.” International Politics. https://doi.org/10.1057/s41311-026-00801-5.

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