
Del aislamiento social a la geopolítica de la soledad
El asesinato de dos profesoras en Michoacán por un estudiante vinculado a discursos incel expone la tendencia más amplia del aislamiento social, amplificado por ecosistemas digitales y tensiones estructurales, todo lo cual puede convertirse en un factor emergente de riesgo para la cohesión social y la seguridad pública.
GEOPOLÍTICAMÉXICO
Eduardo Tzili-Apango
3/25/20264 min read

El asesinato de dos profesoras en una preparatoria de Lázaro Cárdenas, Michoacán, el 24 de marzo de 2026, ha conmocionado a México, y ha reavivado un debate más amplio sobre violencia juvenil, radicalización digital y crisis de vínculos sociales. Según reportes periodísticos, el agresor –un estudiante de 15 años– había publicado en redes sociales contenido asociado con la subcultura incel horas antes del ataque, además de videos en los que posaba con el arma utilizada en el crimen (Espinosa 2025).
Aunque las autoridades continúan investigando las motivaciones del caso, el episodio ilustra la posible concatenación de aislamiento social, radicalización digital y violencia impulsada por agravios. Entender esto permite pensar en lo que podría denominarse como una “geopolítica de la soledad”; es decir, la dimensión estructural y transnacional que adquiere el aislamiento social cuando se combina con ecosistemas digitales globales y con narrativas ideológicas de resentimiento.
La soledad se ha convertido en un problema social de escala global. Diversos estudios muestran que el aislamiento social afecta a amplios sectores de la población, particularmente a jóvenes, y que sus consecuencias incluyen deterioro de salud mental, depresión y pérdida de bienestar social (Jenkins, Sánchez y Olivas-Hernández 2020). En encuestas internacionales, millones de personas reportan sentirse involuntariamente solas, lo que ha llevado a algunos investigadores a hablar incluso de una “epidemia de soledad” en sociedades contemporáneas altamente individualizadas (Echegaray 2026).
Sin embargo, la soledad por sí misma no conduce necesariamente a la violencia. El problema surge cuando ese aislamiento se articula con narrativas ideológicas que transforman la frustración personal en agravios colectivos. La subcultura de los llamados incels (abreviatura de involuntary celibates) se ha desarrollado principalmente en comunidades digitales donde algunos participantes reinterpretan experiencias de rechazo o fracaso afectivo como evidencia de una supuesta injusticia estructural contra los hombres. Investigaciones recientes señalan que estas comunidades pueden reforzar discursos misóginos y legitimar formas de violencia contra mujeres o contra la sociedad en general (Sparks et al 2024).
Desde esta perspectiva, la radicalización incel forma parte de un fenómeno más amplio de violencia impulsada por agravios (grievance-fuelled violence). En estos procesos, la frustración individual se politiza y se transforma en una narrativa ideológica que identifica culpables –frecuentemente mujeres, feministas o instituciones–, y legitima la agresión como respuesta simbólica o vengativa (Clarke y Turner 2020).
Aquí aparece la dimensión geopolítica del problema. Las comunidades digitales donde circulan estas narrativas no están limitadas por fronteras nacionales. Memes, foros y videos pueden difundir ideologías de agravio a escala transnacional, creando repertorios simbólicos compartidos entre individuos aislados en diferentes países. Este proceso constituye uno de los principales riesgos geopolíticos emergentes, es decir, la radicalización digital transnacional, donde el malestar social local se conecta con discursos globales de resentimiento.
Otros riesgos también se vuelven visibles. En primer lugar, la posibilidad de violencia de agravio contra mujeres y espacios educativos, donde las instituciones escolares pueden convertirse en escenarios de ataques simbólicos contra figuras de autoridad. En segundo lugar, el deterioro de la cohesión social y la confianza pública, ya que el aislamiento prolongado reduce el capital social necesario para procesar conflictos y malestares antes de que escalen. Finalmente, existe el riesgo de captura política del malestar masculino por discursos extremistas, que pueden instrumentalizar frustraciones afectivas y económicas en ideologías de odio o radicalización.
La geopolítica de la soledad también puede observarse a través de indicadores de alerta temprana. Entre ellos destacan el aumento de discursos misóginos en redes sociales, la proliferación de comunidades digitales de resentimiento, el aislamiento social severo entre jóvenes varones y la presencia creciente de amenazas o fantasías de violencia en entornos escolares o digitales. Estas señales permiten identificar procesos de radicalización antes de que se traduzcan en violencia real.
Las consecuencias socioeconómicas tampoco son menores. En el corto plazo, fenómenos de este tipo generan mayor presión sobre sistemas educativos, servicios de salud mental y estructuras de seguridad pública. También pueden producir costos indirectos asociados con el miedo en espacios educativos, la polarización social y el deterioro de la confianza institucional.
Frente a este escenario, las respuestas no pueden limitarse a enfoques policiales. Los gobiernos necesitan desarrollar políticas públicas integrales y orientadas a reconstruir la conexión social, fortalecer la prevención temprana en escuelas y mejorar la gobernanza digital frente a discursos de odio. Al mismo tiempo, las sociedades deben reconstruir redes comunitarias, desnormalizar la misoginia memética en entornos digitales y promover alfabetización socioemocional y digital entre jóvenes.
En última instancia, la geopolítica de la soledad revela una paradoja central de la modernidad contemporánea, la de las sociedades hiperconectadas tecnológicamente, pero socialmente cada vez más fragmentadas. Comprender cómo el aislamiento, las plataformas digitales y las desigualdades estructurales interactúan será fundamental para evitar que la soledad se transforme en un motor de radicalización y violencia.
El autor es profesor-investigador en el área académica de Política Internacional de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Xochimilco, y es director ejecutivo de Estratequio, un centro de investigación con sede en México dedicado al análisis geopolítico.
Referencias
Clarke, Colin y Lilianna Turner. 2020. “The ‘Incel’ Ideology Continues to Build a Strong Following in the Online ‘Manosphere’”. Global Network on Extremism & Technology.
https://gnet-research.org/2020/04/22/the-incel-ideology-continues-to-build-a-strong-following-in-the-online-manosphere/
Echegaray, Fabián. 2026. “La epidemia de soledad llegó a Brasil”. Latinoamérica21
https://latinoamerica21.com/es/la-epidemia-de-soledad-llego-a-brasil/.
Espinosa, Juan Carlos. 2026. “Un estudiante de secundaria mata a tiros a dos profesoras en Michoacán.” El País.
https://elpais.com/mexico/2026-03-24/un-estudiante-de-secundaria-mata-a-tiros-a-dos-profesoras-en-michoacan.html
Jenkins, Janis H., Sanchez, Giselle y Lidia Olivas-Hernández, O. 2020. “Loneliness, adolescence, and global mental health: Soledad and structural violence in Mexico”. Transcultural psychiatry 57 (5): 673-687. https://doi.org/10.1177/13634615198801.
Sparks, Brando, Zidenberg, Aexandra M., y Mark E. Olver. 2024. “One is the loneliest number: Involuntary celibacy (incel), mental health, and loneliness”. Current Psychology 43 (1): 392-406. https://doi.org/10.1007/s12144-023-04275-z.
Cita del texto (Chicago 17va edición): Tzili-Apango, Eduardo. “Del aislamiento social a la geopolítica de la soledad”. Tequio geopolítico, 24 de marzo de 2026. https://estratequio.mx/del-aislamiento-social-a-la-geopolitica-de-la-soledad



