¿Amenaza para quién?

¿La presencia china amenaza a América Latina y el Caribe o a la primacía estadunidense? Es necesario cuestionar la aplicación de criterios distintos según el patrocinador, y recuperar la capacidad de agencia latinoamericana para negociar, diversificar y decidir bajo condiciones geopolíticas desiguales

ESTADOS UNIDOSGEOPOLÍTICACHINAAMÉRICA LATINA

Eduardo Tzili-Apango

10/16/20267 min read

Text citation (Chicago 17va ed.): Tzili-Apango, Eduardo. “¿Amenaza para quién?”, Tequio geopolítico, 16 de octubre, 2026. https://estratequio.mx/amenaza-para-quien.

La presencia de China en América Latina y el Caribe (ALC) suele describirse mediante un vocabulario que anticipa sus conclusiones; sus inversiones penetran, sus empresas controlan y sus intercambios académicos expanden influencia. Si construye grandes obras, acumula poder estratégico, o si reduce su tamaño, desarrolla una dominación más discreta. ¿Qué comportamiento permitiría descartar la sospecha? Una interpretación capaz de encontrar confirmación en movimientos opuestos corre el riesgo de convertir cualquier evidencia en ilustración de una certeza previa. Para los países latinoamericanos queda pendiente cuestionarse ¿cuándo una amenaza a la primacía estadunidense se convierte en una amenaza para sus propias sociedades?

El artículo de Cote-Muñoz (2026) permite examinar este problema. El argumento sostiene que Beijing ha desplazado su atención hacia proyectos menores, contratos municipales y relaciones subnacionales que generan dependencias duraderas. Cámaras de vigilancia, infraestructura eléctrica y capacitación policial formarían parte de una estrategia para ampliar su influencia. La concentración de proveedores, la opacidad contractual y los costos de sustituir tecnologías merecen atención. Sin embargo, entre identificar esas condiciones y demostrar una búsqueda deliberada de dominación existe una distancia que el artículo recorre con excesiva comodidad.

Precisamente, el equipamiento y la capacitación también forman parte de la presencia de otros países en ALC. El Departamento de Estado registró 2,800 millones de dólares aprobados para esos fines y para fortalecer capacidades mediante la Iniciativa Mérida entre 2008 y 2018 (U.S. Department of State 2020). En Guatemala, la cooperación tecnológica y de seguridad con Israel se presentó oficialmente como una contribución a la protección ciudadana (Ministerio de Gobernación de Guatemala 2025). Estas descripciones permiten preguntar qué criterios distinguen la cooperación de la dominación. El contraste exige examinar las condiciones de cada acuerdo antes de atribuir sus efectos a la identidad del proveedor. Al parecer, la dependencia también necesita pasaporte.

El caso de Israel vuelve especialmente pertinente esa comparación. R3D y Citizen Lab documentaron infecciones con Pegasus, desarrollado por NSO Group, contra periodistas y un defensor de derechos humanos en México entre 2019 y 2021 (Scott-Railton et al. 2022). Existen daños acreditados y críticas públicas, por lo que sería insostenible afirmar que la tecnología israelí permanece al margen del escrutinio. La cuestión es qué pruebas permiten pasar del abuso de una herramienta a una explicación sobre los objetivos del Estado de origen. Ese tránsito exige demostrar vínculos y mecanismos tanto para Israel como para China.

Ahora bien, ¿qué convierte una relación comercial en subordinación política? La dependencia tecnológica puede proporcionar capacidad de presión, pero su utilización requiere decisiones y circunstancias específicas. Cote-Muñoz (2026) plantea que Beijing podría retener refacciones, actualizaciones o asistencia técnica para presionar a un gobierno. La posibilidad justifica prevenir vulnerabilidades, mas resulta insuficiente para acreditar una estrategia ejecutada. También habría que demostrar cómo se coordinan empresas, bancos y autoridades, cuyos intereses no necesariamente coinciden. La propia autora reconoce que la doctrina puede aparecer después de las prácticas comerciales, admitiendo procesos de adaptación y aprovechamiento posterior de oportunidades. Sin embargo, el título anuncia desde el comienzo una búsqueda de dominación. La incertidumbre del mecanismo queda subordinada a la seguridad de la conclusión.

También conviene preguntar quién produce el supuesto silencio, ya que la baja visibilidad puede responder a decisiones latinoamericanas. En México, el realismo discreto permite interpretar la cooperación selectiva con China, la moderación diplomática y la continuidad de la integración norteamericana como componentes de una estrategia para obtener beneficios sin elevar los costos de la relación con Washington (Tzili-Apango 2026a). ¿Por qué atribuir a Beijing toda la iniciativa cuando el gobierno receptor también puede tener razones para gestionar la visibilidad del acercamiento? Una cooperación puede ser pública y evitar su presentación como realineamiento estratégico. Confundir ambas dimensiones convierte la prudencia mexicana en prueba de una intención ajena. Curiosamente, ALC desaparece justo cuando alguien pretende explicar lo que ocurre en ella.

Esta agencia tampoco se ejerce de manera uniforme. La comparación entre México y Colombia muestra que las relaciones con China adquieren significados diferentes según la posición geoestructural, los vínculos con Estados Unidos y las narrativas mediante las cuales cada gobierno justifica sus decisiones (Tzili-Apango 2026b). Esos condicionamientos permiten explicar formas discretas de diversificación y expresiones más abiertas de autonomía. Cuando Cote-Muñoz (2026) recomienda contener la influencia china “en su hemisferio”, el posesivo presenta como espacio propio países cuyas decisiones deben investigarse antes de reducirlas a avances o retrocesos de potencias externas. La soberanía latinoamericana parece tener reconocimiento diplomático y dificultades recurrentes para obtener reconocimiento analítico.

Una convocatoria de la misión estadunidense en Panamá permite observar cómo se organiza institucionalmente esa competencia. El programa PDS-PAN-FY26-01 propone contrarrestar la influencia del Partido Comunista de China en universidades panameñas mediante actividades educativas y asociaciones académicas, con un financiamiento total estimado de 150 mil dólares (U.S. Mission to Panama 2026). El caso forma parte de un repertorio más amplio. Una convocatoria del Departamento de Estado contempla talleres, políticas de seguridad de investigación y herramientas para impedir que China acceda a tecnologías sensibles. Entre sus destinatarios identifica comunidades tecnológicas de Argentina, Brasil, Chile, Colombia y México (U.S. Department of State 2025). Por su parte, un programa del Centro William J. Perry dirigido a funcionarios, policías, militares y formadores de opinión sitúa a China entre los competidores estratégicos cuyas amenazas deben contrarrestarse (William J. Perry Center for Hemispheric Defense Studies 2026). Washington también procura relaciones institucionales duraderas.

La convocatoria panameña permite precisar la asimetría. Los Institutos Confucio, las becas y las asociaciones de investigación se agrupan como operaciones de influencia que fomentan desconfianza hacia Estados Unidos. Los vínculos estadunidenses aparecen como oportunidades educativas y colaboraciones beneficiosas. El documento afirma los efectos negativos de los primeros sin aportar elementos para evaluarlos. Tampoco considera que la desconfianza hacia Washington pueda surgir de experiencias históricas o juicios autónomos (U.S. Mission to Panama 2026). Aparentemente, los universitarios panameños necesitan una explicación extranjera incluso para sus desacuerdos. ¿Quién financia, qué condiciones impone y qué libertad conservan los participantes? La autonomía universitaria exige respuestas verificables y criterios comparables para todos los patrocinadores.

El caso de Jujuy (Argentina) permite examinar otra dimensión de la agencia. En 2023, la CIDH expresó preocupación por denuncias de uso excesivo de la fuerza provincial y por la posible falta de consulta indígena durante la reforma constitucional. Las movilizaciones comprendían también reclamos salariales docentes, lo que impide reducirlas a una reacción frente a inversiones extranjeras (CIDH 2023). Amnistía Internacional (2025) documentó posteriormente violaciones de derechos humanos en la respuesta estatal. Cote-Muñoz (2026) menciona decisiones del gobernador y actuaciones policiales, pero las incorpora a su argumento sobre la expansión china sin demostrar suficientemente los mecanismos que conectarían ambos procesos. La presencia de capital chino exige investigar sus responsabilidades específicas, las decisiones provinciales y las demandas de las comunidades. La agencia latinoamericana comprende autoridades que promueven proyectos y colectivos que disputan sus condiciones. Concentrar la explicación en Beijing puede conceder a los responsables locales una discreción analítica bastante más conveniente que la diplomática.

Esta exigencia de explicación permite evaluar beneficios y riesgos sin presuponer sus resultados. Una inversión puede ampliar infraestructura y profundizar concentración económica. Un intercambio académico puede abrir oportunidades y establecer condicionamientos. La cooperación tecnológica puede mejorar servicios y facilitar vigilancia abusiva. Las empresas chinas deben responder por sus prácticas y los gobiernos latinoamericanos por sus decisiones. Pero, al mismo tiempo, Estados Unidos debe explicar por qué la defensa de su posición regional tendría que orientar las asociaciones de países soberanos. Convertir toda relación con China en sospecha puede reducir las alternativas disponibles y legitimar presiones externas bajo el lenguaje de la protección.

Luego entonces, ¿amenaza para quién? ALC tiene razones propias para valorar sus relaciones con China. Convertir esas relaciones en una amenaza regional exige demostrar qué intereses latinoamericanos están en peligro y mediante qué mecanismos. Cuando lo amenazado es la primacía estadunidense, corresponde nombrarla como tal. Los países de la región pueden resistirse a incorporar como propia una rivalidad cuyos costos y prioridades se definen en Washington. Después de todo, perder exclusividad sobre las decisiones ajenas puede resultar incómodo, pero difícilmente constituye un problema para quienes comienzan a ampliar sus opciones.

El autor es profesor-investigador en la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Xochimilco, y es director ejecutivo de Estratequio, un centro de investigación con sede en México dedicado al análisis geopolítico.

Referencias

Amnistía Internacional. 2025. Argentina: Callar no es una opción: Jujuy entre la represión y la impunidad. 30 de mayo. Índice AMR 13/9390/2025. https://www.amnesty.org/en/documents/amr13/9390/2025/es/.

Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). 2023. “CIDH: Argentina debe respetar estándares de uso de la fuerza provincial durante las protestas en Jujuy”. Comunicado de prensa 127/23, 20 de junio. https://www.oas.org/es/cidh/prensa/comunicados/2023/127.asp.

Cote-Muñoz, Natalia. 2026. “La búsqueda silenciosa de China por dominar Latinoamérica”. Foreign Affairs Latinoamérica 26 (4): 109-115. https://www.fal.itam.mx/.

Ministerio de Gobernación de Guatemala. 2025. “Gobernación impulsa alianzas estratégicas con Israel para la cooperación en materia de seguridad”. 5 de noviembre. https://mingob.gob.gt/gobernacion-impulsa-alianzas-estrategicas-con-israel-para-la-cooperacion-en-materia-de-seguridad/.

Scott-Railton, John, Bill Marczak, Bahr Abdul Razzak, Siena Anstis, Paolo Nigro Herrero y Ron Deibert. 2022. “New Pegasus Spyware Abuses Identified in Mexico”. Citizen Lab Research Report 159. University of Toronto, 2 de octubre. https://citizenlab.ca/research/new-pegasus-spyware-abuses-identified-in-mexico/.

Tejero Puntes, Suhelis. 2026. “La nueva guerra fría: el frágil equilibrio de Latinoamérica entre China y EE.UU.” Aristegui Noticias, 24 de septiembre. Especial CONNECTAS. https://aristeguinoticias.com/2409/investigaciones-especiales/la-nueva-guerra-fria-el-fragil-equilibrio-de-latinoamerica-entre-china-y-ee-uu-especial-connectas/.

Tzili-Apango, Eduardo. 2026a. “Discreet Realism and China–Mexico Relations, 2018–2025”. Cambridge Review of International Affairs. https://doi.org/10.1080/09557571.2026.2700026.

Tzili-Apango, Eduardo. 2026b. “Geopolítica práctica de América Latina frente a China, 2018–2025”. Política y Cultura, núm. 65: 149-173. https://doi.org/10.24275/EZMN3235.

U.S. Department of State. 2020. “U.S. Relations With Mexico”. 29 de septiembre. https://2017-2021.state.gov/u-s-relations-with-mexico/.

U.S. Department of State, Bureau of International Security and Nonproliferation. 2025. “Preventing U.S. Adversaries’ Access to Critical Technologies and Exploitation of Scientific and Commercial Facilities for Military Advancement”. Convocatoria DFOP0017248. Grants.gov. https://simpler.grants.gov/es/opportunity/5aef1d0d-acb2-4911-8dcc-33c9b4b79f5c.

U.S. Mission to Panama. 2026. “Countering CCP Influence in Panama’s Unviersities” [sic]. Convocatoria PDS-PAN-FY26-01. Grants.gov, 28 de agosto. https://www.grants.gov/search-results-detail/363736.

William J. Perry Center for Hemispheric Defense Studies. 2026. “Countering Hybrid Threats in the Americas”. Programa del curso, 10–21 de agosto. https://wjpcenter.org/wjpc-events/chta-2026/.

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